Regreso a Bruselas

En vísperas de la Semana Santa nos acercamos unos días hasta Bruselas para rememorar nuestros años allí y reencontrarnos con personas queridas y lugares que dejaron huella. De aquellas vivencias de nuestra estancia en la ciudad quedó constancia en el diario MI BRUSELAS. Ahora volvimos a recorrer, no sin cierta nostalgia, nuestro barrio del Cinquantenaire, con tantos recuerdos en cada calle y en cada establecimiento, la mayoría tal como los dejamos, aunque algunos -ya desaparecidos- dejaron paso a nuevos negocios que a nosotros no nos dicen nada.  Y, como no podía ser de otra manera,  nos acercamos al "clos" donde vivimos durante ese tiempo, atravesando de nuevo el evocador jardín ahora invernal: ni flores, ni patos, que con la primavera recalaban en el estanque,  ni ranas, que llegaban con el verano, ni tan siquiera gatos, quizás refugiados en algún lugar menos frío. Y, para que la rememoración fuera completa, acabamos comiendo nuestro plato preferido en Le Martin Pecheur, también nuestro bistrot favorito: los "scampis poêlés au curry avec du riz". Delicioso...

 

Además de Bruselas, en esta visita hicimos también un pequeño recorrido por la Valonie, comenzando por Lieja y su famosa estación "Calatrava", para seguir atravesando la melancólica campiña belga de la mano de nuestros consuegros hasta recalar en Coutisse y despedirnos de ellos, al día siguiente, en Namur, capital de la región valona.
 
 


 

 
 
 
Y el domingo en Bruselas !sorpresa! amaneció con una buena nevada, como pudimos observar desde la habitación del hotel. Fuera, ya en el Boulevard Albert II, hacía un frío que cortaba, pero ello no fue impedimento para que nos acercásemos hasta el mercadillo de Jeu de Balle -que tanto nos gustaba- ni para que se instalasen allí los puestos, aunque menos de los habituales.
 

 


 
Y allí estaba, como todos los domingos, Christophe Varosi, un arqueólogo y personaje peculiar de este rastro, que ofrece piezas singulares a unos precios sorprendentes. Anteriormente nos habían llamado la atención las cabezas de flecha neolíticas y monedas romanas que expone habitualmente. En esta ocasión nos ofreció una pequeña cabeza precolombina de la cultura La Lolita-Tumaco, que se desarrolló en Ecuador y Colombia entre los siglos V a.c. y V d.c., según la anotación "expertise" de su propia mano. No entendemos cómo puede vender esas piezas y a unos precios tan increíbles, pero lo cierto es que el hombre lleva años ejerciendo ese comercio en un país tan estricto como Bélgica. No es de extrañar que haya aparecido en varias revistas.
 



 
Y, a pesar de la nieve, también estaba allí la banda que ameniza el aperitivo en La Brocante, el lugar gastronómico más emblemático del Jeu de Balle. Volvimos por la Rue Blaes hasta el Sablón, donde el mercadillo de antiguedades -también con menos puestos y menos visitantes- luchaba contra el frío invernal.
 
 



Naturalmente no podía faltar la visita a la Grand Place, tan preciosa como siempre, esta vez tocada de nieve y reluciente con otro frente más de fachadas restauradas.




 
Lo de menos fue el frío. La nieve le dio un toque pintoresco a este viaje al pasado reciente. Reencuentro y sensación de no habernos ido, seguíamos en casa. Bruselas más que un punto y aparte, es un punto y seguido.  Un viaje  en el que disfrutamos enormemente.